Lo cierto es que no sé qué me sorprende más, si el hecho de que el espectador en cuestión interpusiera esa denuncia por la susodicha causa o que un médico prohibiera a su paciente la música contemporánea. Pero, ahora que lo pienso, si consigo que un matasanos me firme un papelito parecido al de este señor igual me podría librar de algunas semanitas de trabajo de vez en cuando, así por la cara... Interesante.
jueves 10 de diciembre de 2009
La benemérita y el arte
Lo cierto es que no sé qué me sorprende más, si el hecho de que el espectador en cuestión interpusiera esa denuncia por la susodicha causa o que un médico prohibiera a su paciente la música contemporánea. Pero, ahora que lo pienso, si consigo que un matasanos me firme un papelito parecido al de este señor igual me podría librar de algunas semanitas de trabajo de vez en cuando, así por la cara... Interesante.
viernes 4 de diciembre de 2009
La Ley de la patada en el Router
Algún periódico se refería a este asunto como el nacimiento de una "policía cultural" en Internet. En realidad es mucho peor: la policía puede detenerte y denunciarte si considera que has cometido un delito pero es un juez quien, aplicando las leyes decidirá si mereces o no sanción de algún tipo. Con la reforma impulsada por el Gobierno, será una comisión de expertos independientes (¿cómo de independientes? ¿igual que la ministra del ramo?) nombrada por el Ministerio de Cultura la que decidirá si una página vulnera la propiedad y debe o no ser cerrada. El asunto es, a mi entender muy grave: es más que una vulneración del principio de la división de poderes. Hablaré en el futuro de esto con más detenimiento. Ahora no tengo tiempo. Pero os dejo con par de enlaces en los que David Bravo responde las preguntas de los internautas sobre este tema. Leedlos si queréis enteraros bien del tema, que este chico no solo controla el tema sino que además lo explica de forma muy llana.Extraigo de ella esta cita que ilustra muy bien el hecho de que se haya desplazado a la figura del juez para decidir sobre el cierre de páginas: "lo que han hecho, tras perder la industria un partido tras otro, es decirle al árbitro "mejor dame a mí el pito que ya me encargo yo de esto".
martes 24 de noviembre de 2009
Treinta años haciendo el canelo
Entonces inevitablemente surge una especie de necesidad natural de hacer balance de las propias vivencias y, en tal punto, es difícil resistirse a establecer comparaciones con algunos personajes de la historia. Con treinta castañas Alejandro Magno había conquistado ya gran parte de su Imperio, Albert Einstein ya había desarrollado algunas de sus principales teorías (entre ellas la de la famosa formulita de la equivalencia entre la masa y la energía) y muchos de los grandes líderes espirituales de la Historia ya contaban con numerosos adeptos incondicionales. Yo, sin embargo no he conquistado nada, ni tan siquiera un mísero pueblucho portugués, ni he esclavizado a uno sólo de sus habitantes. No he realizado un sólo descubrimiento importante para la Humanidad, ni he escrito ninguna novela imprescindible. Lo único que escribo es este blog y ni siquiera he sido capaz de reunir gracias él a un grupillo de al menos una docenita de súbditos fieles, dispuestos a entregar su vida por mí y a legarme todo su patrimonio. Claro está: tampoco soy millonario todavía.
Así que, llegado este momento yo me pregunto: ¿en qué puñetas habré estado perdiendo el tiempo en mis años de existencia? Ni siquiera soy capaz de responder a eso...
sábado 3 de octubre de 2009
Grandes citas
contribuirá a la metafísica más que John Locke.
miércoles 30 de septiembre de 2009
Breves y curiosas
martes 22 de septiembre de 2009
De vuelta al tripalium

Pero esto del "culto al trabajo" no es sólo cosa de
Pero esto no siempre fue así. La mitología griega -lo sabemos por los textos de
Los mismos griegos establecían una distinción entre praxis (que abarcaba más o menos, aparte de
La tradición judeo-cristiana va más allá. Según el Génesis el
Yo, que acabo de incorporarme al trabajo tras unas vacaciones de verano algo más largas de lo habitual, me siento mucho más cerca de estas antiguas concepciones que de las de soviéticos y yanquis. Como en otras ocasiones, en ningún lugar encuentro mejor reflejados mis sentimientos actuales que en la boca de este grupo de pensadores universales considerados como la síntesis de milenios de tradición filosófica occidental. Me quedo pues con estos magistrales y sofisticados versos en cuyo seno se encierra gran parte de esta inmensa sabiduría.
Disen que el trabajo es la felisidá: ¡po que viva la tristesa!
Disen que el trabajo es divino: ¡po que viva Satanás! (...)
Y es que la cosa está mu mala, que se muera el tío que inventó la pala.
martes 15 de septiembre de 2009
Creencias y debates (4ª parte) Razón y fe.
1) Duda total. Habría que hacerse la clásica pregunta: ¿nos fiamos de lo que vemos, oímos y tocamos? Si nos ponemos a dudar de forma cartesiana de la validez de las impresiones que recibimos por los sentidos y de las estructuras mentales que fabricamos con ellas, podemos llegar a no estar seguros de la existencia de casi todo lo que nos rodea. No sabremos con seguridad si es cierto que la Tierra es redonda, si existe un libro llamado Biblia, si los resultados de una prueba científica son fiables, o si son reales el ordenador que tenemos delante, Chiquito de la Calzada o la gente que conocemos.... Podríamos estar, sin saberlo, metidos en la caverna platónica creyendo que lo único existente son las sombras de la pared del fondo o estar siendo utilizados como pilas humanas con los cerebros conectados a un programa de realidad virtual en plan Matrix.
Si seguimos dudando metódicamente, llegaremos al mismo punto que Derscartes y sólo podremos estar seguros de que existimos porque pensamos. Pero podríamos seguir cuestionando más allá y llegar a dudar de nuestra propia existencia. Es un camino sin fin. Si entramos en él lo mejor es que nos olvidemos de discutir sobre nada porque no podremos asegurar ni siquiera que tal discusión está siendo mantenida realmente.
2) Escepticismo razonable. Tampoco aquí podremos negar ni afirmar categóricamente la existencia de nada (no nos queda más remedio que dejar un pie en el anterior marco gnoseológico) pero sí que podremos hablar de probabilidades de existencia y de certezas razonables. En este contexto confiaremos más en aquellas tesis que aporten evidencias de su validez que en aquellas que simplemente se presenten como reveladas por un ser superior sin ningún tipo de prueba.
En el marco del escepticismo razonable entraría la ciencia. La ciencia además no habla en términos de creer o no creer (quizás deberíamos tomar nota de esto, yo el primero, para no caer en determinadas trampas conceptuales). No sé de ningún astrofísico que convoque una rueda de prensa para declarar solemnemente que cree (y mucho menos que ha elegido creer) en la teoría del multiuniverso. No tengo noticia tampoco de ninguno que proclame sin pruebas su negación categórica, tal y como hacen, por ejemplo, todas las religiones del mundo con todos los dioses del mundo menos con los propios. Los científicos, si existen indicios de la validez de una teoría como la citada, llevarán a cabo múltiples investigaciones que la confirmarán o desmentirán. En ciencia no se cree, se establecen hipótesis que luego se someten a procedimentos de verificación y refutacion para probar su consistencia.
La labor científica tampoco aspira, como las religiones, a obtener verdades absolutas e inmutables. De hecho los paradigmas cambian y hay teorías que se refuerzan con nuevas evidencias y otras que se abandonan y se sustituyen con otras. Es algo que forma parte de la esencia científica.
El escaqueo de la fe.
La fe, en cambio, funciona de otra manera. . . Como Ferguson apunta en su comentario, las religiones tienen "las espaldas bien cubiertas" con la mágica varita de la fe. Si mañana se descubrieran nuevos detalles del nacimiento del Universo, alguien todavía podría escaquearse diciendo que detrás de todo ello se esconde un creador invisible. Ahora bien, en este caso, en sentido estricto, hablaríamos de una religión parecida al deísmo de los ilustrados. Estaríamos ante una causa primera, una suerte de fuerza de la naturaleza generadora de todo lo que vemos hoy que no habría vuelto a intervenir después de ese momento inicial. Esta sustancia primera impersonal sería, como afirma el etólogo británico Richard Dawkins, simplemente "una hipótesis investigable" del mismo modo que la del multiuniuverso u otras muchas.
Pero, claro este no es el dios en el que cree Sánchez Adalid. El de los cristianos es un sistema complejo de creencias, con una historia, unos dogmas, unos preceptos concretos. Pero es que además este dios cristiano, entre miles de cosas más, creó el mundo en siete días, es omnisciente, perdona pecados por medio de unos señores de negro que se dicen célibes, resucita a los muertos, decide quién va al cielo y quién al infierno, convierte el agua en vino, predice el futuro, es omnipresente, preñó a una joven virgen sin tocarla ni un pelo y tiene una moral universal, absoluta e intemporal (pese a que en algunos pasajes de la Biblia predique el amor al prójimo y en otros se dedique a exterminar a casi toda la Humanidad con un diluvio). En otras palabras, es perfecto. De hecho si nos ponemos puntillosos con este precepto, bastaría con rebatir una sola de las verdades absolutas reveladas por Él, para demostrar que esa supuesta perfección no es tal, refutando de ese modo la propia naturaleza e incluso la existencia misma de este dios concebido a la manera de los cristianos. Pues vale: lo siento pero está suficientemente probado y apoyado por miles de evidencias (geológicas, biológicas, químicas, genéticas...) que la Tierra no se hizo en siete días, que el hombre no apareció de la noche a la mañana, que la mujer no salió de su costilla y que la increíble variedad de especies animales que pueblan el mundo (incluidas las más de 950.000 especies conocidas de insectos) no cabe en un barco de madera. Claro, ahora la Iglesia te dirá: "Esto... eh.. sí... es que... esto en realidad se trata de relatos metafóricos..." ¿Ah sí? Pero, espera, ¿no habéis estado quemando en la hoguera durante siglos a todo el que contradijera la literalidad de estos "relatos metafóricos"? "Huy, sí, pero... ¡Olvidemos el pasado y amémonos los unos a los otros! (y no dejéis de aflojar la pasta)". Yo no sé cómo le decís a esto en vuestro pueblo pero en el mío lo llamamos "apaño barato pero muy conveniente para seguir manteniendo el chiringuito".
Como se ve, si bien la fe no entra en el terreno de lo que he llamado (no sé si acertadamente) la duda total porque ofrece muchas certezas, tampoco encaja del todo en el segundo escenario que antes describí. Porque el escepticismo razonable se mueve, claro, en un contexto racional. Pero la fe, más que negar la razón, lo que hace es servirse de ella hasta que topa con sus dogmas. Me explicaré. En el anterior Creencias y debates decía que no es posible, como afirmaba Sánchez Adalid, elegir creer en el dios católico como no lo es elegir creer que la Tierra es plana. Ferguson objetaba que ambas cosas no son equiparables porque lo primero es indemostrable y lo segundo no. Pero la redondez de la Tierra es demostrable sólo si te sitúas en este escenario racional. Si tus dogmas establecen que la Tierra es plana, lo seguirás afirmando a pesar de las evidencias, como muchos católicos, especialmente de EEUU, siguen manteniendo que el Mundo tiene 6000 años y negando la tectónica de placas pese a las múltiples pruebas. Es decir, si sabes que la Tierra es redonda, no puedes elegir lo contrario y si lo niegas es porque te mueves en este magma pseudoracional que es la fe y, o bien estarás convencido de ello contra viento y marea (lo cual, por lo tanto, no sería una decisión), o bien te engañas como Pascal con su apuesta (ver Creencias y debates 3ª parte)
La tetera de Russell
Pero no sólo por todo lo dicho me parece que las opciones "creer" y "no creer" no son equiparables. La carga de la prueba, pienso yo, la tendrá el que afirma la existencia de algo. Si yo llego un día mi trabajo y declaro que soy la reencarnación de Nicolo Paganini, lo primero que me dirán será: "Demuéstralo: toca"
Dawkins, en su libro The God delusion (El espejismo de Dios, en la edición española) hecha mano de la parábola de la tetera celestial de Bertrand Russell para ilustrar lo que estoy sosteniendo. En palabras del propio Russell:
"Muchas personas ortodoxas hablan como si pensaran que es asunto de los escépticos refutar los dogmas recibidos en vez de que sean los dogmáticos quienes los prueben. Por supuesto, esto es un error. Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores."
Pocos dudarían en afirmar que no creen en la tetera orbitante. Quizás a un número menor todavía se le ocurriría declarar su "agnogticismo" con respecto a ella. Como señala Dawkins, "estrictamente hablando, todos seríamos teteragnósticos: no podemos probar, seguro, que no hay una tetera celestial. En la práctica, nos movemos desde el teteragnosticismo hacia el teterateísmo". Del mismo modo, aunque no podamos negar categóricamente su existencia, seguramente tampoco nos declararíamos "agnósticos" con respecto a los unicornios, las hadas o el Ratoncito Pérez. También me parecería ridículo que alguien afirmara haber elegido creer en alguno de ellos...
Y es que si en el marco del pensamiento racional "no creer" no significa "negar categóricamente", en el de la fe, "creer" sí que quiere decir "afirmar absolutamente". Es más, ninguna de las grandes religiones admite medias tintas: si aceptas sólo la mitad de sus preceptos, te explicarán amablemente que tú no eres de su misma confesión o te quemarán en la hoguera por hereje, según el momento histórico. Y si la ciencia refuta con el tiempo gran parte de sus dogmas o bien se acogerán convenientemente al "apaño barato" del que antes hablaba, o bien negarán sistemáticamente la evidencia científica. En el primer caso hablaríamos de una vulgar tomadura de pelo y en el segundo de una forma irracional de conocimiento. Ahora nos tocará a nosotros decidir si reconocemos alguno de estas dos posiciones como base de un argumento serio. Yo, desde luego, lo tengo claro...
miércoles 9 de septiembre de 2009
Poco más que ladridos
lunes 7 de septiembre de 2009
соединяйтесь!

jueves 3 de septiembre de 2009
Creencias y debates (3ª parte). Julio César, Pascal y un tío gordo.








